elegir a tu fotógrafo de bodas

Las fotos son para el recuerdo

A veces ni yo misma me doy cuenta de lo importante que es mi trabajo. Como en casi todas las profesiones creativas, también en la fotografía de vez en cuando te encuentras con ciertas personas que tienden a minusvalorar lo que una hace, al fin y al cabo, (dicen) todo el mundo hace fotos, cualquiera puede hacer click, y es que “claro, con esa cámara ya puedes hacer buenas fotos!”

Entonces, (siguen diciendo) “para qué voy a contratar a una fotógrafa profesional cuando puedo comprar una buena cámara y hacer las fotos yo mismo.”

En serio, os juro que no es broma, éstas son palabras casi textuales de un obviamente-NO-cliente. Y diciendo esto pretendía negociar el precio.

En definitiva, que en los días grises (que aunque yo sea muy happinés a veces también los tengo) una piensa que para qué estoy haciendo esto, por qué tanto esfuerzo, tanto trabajar a deshoras, tanto correr de un lado para otro cargando con un equipo que un día me va a destrozar la espalda… Si al final no lo van a valorar, si al final no entienden que la música no sale del piano sino de las manos y el corazón del pianista. Si al final… todo el mundo hace fotos.

Pero entonces, un día una novia te enseña una foto antigua. Y resulta que ésa es la foto de la boda de su abuela. Pero espera que hay más. Ésta es la de su bisabuela, y ésta la de la tía-abuela, y aquella, la más antigua la de la tatarabuela. Espectacular. Y claro, a mí, que tengo una debilidad como entenderéis por la fotografía, se me erizan los pelillos de la emoción. Esas parejas retratadas en las fotos antiguas son parte de la historia de esta otra pareja, llena de ilusión, que hoy tengo delante de mi. Y entonces ella dice “esto es un tesoro” y ahí sí, ahí ya me dan ganas de abrazarla y besarla y llevármela a casa conmigo porque tengo los mejores clientes del mundo. Clientes que saben que las fotos no son sólo para ellos (que sí), pero también saben que las fotos son para el recuerdo.

happinés: happy moments, happy photos

Sometimes even I don’t realize how important my work is. As it happens in almost all creative jobs, in photography it also happens from time to time that you face certain people that put down what you do, at the end of the day, (they say) everyone takes pictures, anyone can click, and “clearly, with that camera you must take some pretty pictures!”

Then, (they keep saying) “why should I hire a professional photographer when I can buy a good camera and take the pictures myself.”

I’m serious, no joking, these are the almost exact words of an obviously-NO-client. And saying this he was trying to get a discount.

In short, when I’m in the blues (although my name is happinés-s I may be blue sometimes) I think why am I doing this, why work so hard, so much working late, so much running here and there carrying an equipment that one day will smash my back… They aren’t going to appreciate it after all, they won’t understand that the music does not come from the piano, but from the pianist’s hands and soul. After all… everybody takes pictures.

And then, one day a bride shows you an old picture.And it turns out it’s her grandma’s wedding picture. But wait, there’s more. This is her great-grandmother’s photo, and this her great-aunt’s, and that one, the oldest, it’s the great great grandmother’s wedding pic. Spectacular. And of course, given that I have a weakness for photography as you will understand, my hair bristles with emotion. Those couples portrayed in old photos are part of the history of this other couple, full of hope, that stand in front of me today. And then she says “this is a treasure” and oh yeah, then I do want to hug her, and kiss her, and take her home with me because I have the best clients in the world. Customers who know that the photos are not just for them (they are), but they also know that the photos are to remember.